Consumir menos y compartir más es lo que propone esta corriente liderada por Serge Latouche, filósofo del decrecimiento.
Serge Latouche conoció en Laos, por allá en los sesenta, una sociedad que plantaba arroz, que vivía de la naturaleza y la respetaba. Ni capitalista ni socialista. El economista francés sabía que tarde o temprano dicha sociedad quedaría envuelta en el modo de vida occidental: industrializar, producir, consumir.
Por esa razón pensó que sería necesario plantear una teoría contra el desarrollo tal como lo ven los economistas ortodoxos. En 2001 reunió a 700 personas en la Unesco para proponer una idea que unos años atrás quizá habría pasado desapercibida: que la sociedad consuma menos y lleve una vida más sobria, más tranquila, tomando en cuenta la producción, pero sobre todo tomando muy en serio los asuntos básicos de la existencia.
Su teoría tomó un nombre: el decrecimiento.
¿Qué es el decrecimiento?
“Ya es hora de deshacernos de la obsesión por la velocidad y de partir a la reconquista del tiempo y, por lo tanto, de nuestras vidas”, asegura. Decrecer no es, dice, permitir que el mundo se destruya, decaiga y desaparezca. Parte de una base: el mundo tiene recursos limitados y la sociedad debe fijarse más en el bienestar de sus individuos que en la acumulación de bienes. Tener más no es símbolo de felicidad, afirma Latouche. Decrecer es, concluye, volver a una vida sencilla en equilibrio con la naturaleza.
Afirma que es necesario revivir otras dimensiones de la vida. Recuperar una relación sana con el tiempo, liberarse de la adicción al trabajo para volver a disfrutar de la lentitud, redescubrir los sabores vitales relacionados con la tierra, la proximidad y el prójimo. Debe haber un cambio de fondo.
De continuar así, afirma el economista, para 2050 la Tierra no resistirá la demanda de los seres humanos. Asegura que el mundo de mañana, a la velocidad “esquizofrénica” que se lanza por la conquista del progreso, será un desastre.
Una nueva sociedad
Aun así, la sociedad del decrecimiento no desdeña el desarrollo. Lo acepta siempre y cuando conviva con la naturaleza y la utilice de modo organizado, sin dominarla ni acabarla. La idea no es dejar de producir, dice, sino que la producción no sea el valor único que se extienda por el mundo.
¿Qué habría que hacer si la sociedad quiere convertirse al decrecimiento? Latouche propone el plan de las “ocho erres”: revaluar, reconceptualizar, reestructurar, relocalizar, redistribuir, reducir, reutilizar y reciclar. “El ser humano debe encontrar otro sentido de tal forma que camine en armonía con la naturaleza, a la que pertenece”.
Latouche hace otras propuestas: dar trabajo a todo el mundo, trabajar menos tiempo a diario, tomar yogur de la vaca del vecino, eliminar la televisión. Advierte, eso sí, que el cambio será lento y que “queda mucho por hacer”. Que el decrecimiento permitirá equilibrar la brecha entre ricos y pobres. Que es un proyecto ecológico y socialista. “Espero —dice— que sea la revolución del siglo XXI”.
Condensado del artículo de Juan David Torres Duarte, publicado en El Espectador. Para leerlo completo vaya a
http://www.elespectador.com/impreso/vivir/articulo-320433-decrecer-otro-modo-de-vida






