El invierno que azota el país, con el paso devastador de las aguas, nos hace recordar el manejo que le daban los zenúes a esas crecientes líquidas. Porque las llanuras de la depresión Momposina han sido inundables y pantanosas desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, sus pobladores precolombinos crearon un sistema que les permitió aprovechar las tierras para la agricultura y la vivienda, y las aguas para el transporte y como medio de fertilización. Durante 1.300 años vivieron allí en franca armonía con la naturaleza, crearon las primeras vasijas de barro del continente, comerciaron activamente con otros grupos poblacionales y nos dejaron hermosos objetos de orfebrería, unos martillados, otros fundidos.
A la llegada de los españoles, los zenúes vivían en una zona que comprendía algo así como quinientas mil hectáreas inundables de la región de los ríos San Jorge y Sinú, las cuales drenaban con una compleja serie de canales. Este hecho fue intuido hacia 1966 por el geógrafo norteamericano James Parsons, quien con base en fotografías aéreas destacó que el paisaje de la zona había sido alterado por el hombre.
Esto dio lugar a una investigación realizada años después por el Museo del Oro del Banco de la República, Cerromatoso e Himat, la cual permitió conocer la dinámica y las fluctuaciones del nivel del agua, vestigios de asentamientos y hasta las plantas sembradas hace años.
Ahora se sabe que los zenúes y sus antecesores construían canales de diferentes dimensiones y con funciones particulares, lo cual permitió su utilización productiva: unos eran ejes que tenían entre cuatro kilómetros y 20 metros de longitud, aunque la mayoría tenía un kilómetro. A ellos desembocaban en forma perpendicular otros más cortos, separados diez metros uno de otro, cuya función era desaguar las zonas más bajas y cenagosas. Estos tenían alrededor de 50 metros de largo, frenaban la fuerza del agua, los protegían de inundaciones y propiciaban el depósito de limo y sedimentos que fertilizaron la tierra de cultivo en grandes extensiones.
Los montículos o plataformas artificiales de dos o tres metros de altura que separaban los canales fueron construidos sobre el margen de cursos de agua. Allí instalaron sus viviendas, tras ellas tenían zonas de cultivo que chupaban la humedad de los canales circundantes y enterraban a sus muertos. Vistos desde el aire, los canales cortos se van abriendo como un abanico que se adapta a los meandros de los canales de agua y permitían que el suelo sobre los camellones se mantuviera húmedo en época de verano
Fray Pedro Simón cuenta en sus crónicas que los habitantes de esta región cultivaban huertas con diferentes frutales, yucas y otros tubérculos. Y que había pueblos con calles, plazas y casas bien trazadas y limpias.
Los zenúes sabían que si no controlaban las inundaciones, no podrían vivir. Los canales les permitieron construir y mantener una sociedad compleja. Si bien el conocimiento es interesante desde el punto de vista histórico, estos aciertos en la gestión ambiental podrían ser repetidos en la actualidad en zonas que sufren de repetidas y constantes inundaciones.
Referencia
Plazas. Clemencia y Falchetti, Ana Maria. Asentamientos prehispánicos en el bajo río San Jorge, Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, Banco de la República. Bogotá. 1981.


